Piedica Lesiones Deportivas Patologías del corredor

Patologías del corredor

Introducción
En nuestra experiencia , los accidentes graves, sobre todo cardiovasculares, son raros en la Marcha. Más frecuentemente la patología de la Marcha Atlética radica tanto en los músculos como en los tendones y tejido blando, principalmente de pierna y pie. Debemos asimismo distinguir dos tipos de patología: La de los Marchadores de Ultradistancia, y la de los Marchadores de distancias cortas.

Encontraréis a continuación un resumen de las principales patologías. Para ampliar conocimientos y conocer su tratamiento, podéis cosultar el apartado de lesiones de esta misma web.
Marchadores de Distancias Cortas

                        
Provocan interrupciones forzadas del entrenamiento en marchadores tanto de Distancias cortas como Neófitos. Son más raras en cambio en los Ultramarchadores.
•  Tendinitis Aquílea: Sobreviene muy pronto al cabo de unos pocos kilómetros de entrenamiento o carrera. Está favorecida por la existencia de un pie cavo, o por el uso de un calzado con escaso control del talón. Más frecuentemente se trata de una tendinitis de todo el trayecto del tendón, aunque pueden existir zonas más inflamadas a unos 2-3 cm. de la inserción en el calcáneo.

La Tendinitis Aquílea se caracteriza por la aparición de dolor y tumefacción a nivel de la terminación del tendón sobre el calcáneo. Su origen se encuentra en la repetición de microtraumatismos y sobrecarga sobre los músculos de la pantorrilla, o por el uso de un calzado demasiado rígido. En la exploración vamos a poder observar la tumefacción del tendón, y en ocasiones su crepitación al palparlo. Si realizamos la dorsiflexión del pie, el paciente nos suele referir aumento del dolor. Si sospechamos rotura, la flexión plantar estará reducida con respecto al otro pie pudiendo estar abolida en roturas totales, palpando en este caso además, una perdida de continuidad en la extensión del tendón con posible hematoma. Cuando se nos plantee como posible este diagnóstico deberemos recurrir a técnicas de imagen como la ecografía o la RMN.

El tratamiento consiste en reposo, en utilizar un calzado adecuado, no excesivamente rígido y con algo de tacón para relajar el tendón durante la marcha, antiinflamatorios y fisioterapia, con aplicación de calor local, ejercicios suaves, y una plantilla con una discreta flexión plantar. Con estas medidas el proceso suele resolverse en pocas semanas. Las infiltraciones locales con corticoides se evitarán por el riesgo de rotura tendinosa, sobre todo en pacientes ancianos, utilizándose en gente joven que presenten dolor persistente que limite su actividad.
•  Bursitis Retroaquílea: Inflamación de la bolsa serosa retroaquílea. Provocada en parte por un conflicto con el contrafuerte del talón de la zapatilla y favorecido por deformidades del calcáneo (enf. de Haglund). Aparece una tumefacción en la inserción del tendón. No la debemos confundir con la Bursitis pre o interaquíleo-calcánea, más frecuentes en los procesos reumáticos. En casos graves requiere cirugía.
•  Pies Cavos y Fascitis Plantar: Resultan de difícil solución para los marchadores. Los atletas al cabo de un cierto kilometraje (50-100 Km) notan molestias tanto en la planta como en otras partes del pie. Frecuentemente evoluciona a Fascitis Plantar.

La deformidad en cavo del pie consiste en una elevación anómala de la bóveda de la planta. Los dedos pueden quedarse agarrotados o flexionados hacia dentro, lo que disminuye el tamaño del pie. Identificar un pie cavo es fácil. El pie no deja huella de la parte central de la planta, ni de los dedos. En el 80 por ciento de los casos el origen del pie cavo es familiar (hereditario).

La fascia plantar es una estructura ligamentosa que se extiende desde el calcáneo por toda la planta del pie hasta las articulaciones metatarsofalángicas. Esta fascia ayuda a mantener la bóveda plantar y amortigua los pesos que soporta el pie. La fascitis plantar es un proceso doloroso localizado en la planta del pie sobre todo a nivel posterior de la inserción sobre el calcáneo, que aparece sobre todo en personas obesas, o que permanecen mucho tiempo de pie o con alteraciones de la estática como pies planos o pronados. El dolor se desencadena con la marcha y se agrava al andar de puntillas. En la exploración localizamos puntos dolorosos a la palpación o realizando la dorsiflexión pasiva de los dedos del pie. La radiología puede ser normal o indicarnos la presencia de espolón calcáneo en un 30 por ciento de los casos. El tratamiento consiste en antiinflamatorios, crioterapia, uso de calzado adecuado sin tacones y flexible, ejercicios de estiramiento del tendón aquíleo y masaje de la fascia. Se pueden realizar también infiltraciones con corticoides y sólo en casos excepcionales se realizará cirugía.

Otras veces se manifiesta en forma de parestesias o dolores en la parte superior del pie, provocado por compresión de los nervios dorsales cutáneos, a veces por un cordón demasiado apretado. Finalmente desencadena molestias lumbares consecuencia de una hiperlordosis lumbar asociada.
•  Pies Planos: Generalmente no causan problemas, e incluso hay participantes de la Paris-Colmar que completan la prueba padeciendo dicha patología. Ocasionalmente, puede provocar una tendinitis del Tibial Posterior o un Síndrome del Tunel Tarsiano. El pie plano se caracteriza por una falta de arco longitudinal o de bóveda plantar (justo la alteración contraria que la del cavo). La huella que deja un pie plano es fácil de reconocer porque carece de la curva característica del pie o ésta es menos pronunciada.

Generalmente, el pie plano no supone un problema para caminar o calzarse. Es conveniente observar una serie de reglas básicas en el calzado, tales como emplear siempre un zapato ancho, cómodo y flexible, que esté bien ventilado y tenga buena adherencia al suelo.Cuando el pie plano es patológico y es causa de dolor y molestias al caminar, el especialista debe valorar qué tratamiento es el indicado. En algunos casos, se puede recurrir a calzado ortopédico, no tanto para eliminar el pie plano, como para facilitar la marcha e impedir los dolores. La cirugía no suele un tratamiento frecuente en estos casos.
•  Fracturas de Fatiga de los Metatarsianoss: Más frecuentes en caso de terrenos duros, como el asfalto, o irregulares. Para evitarlas es imprescindible un entreno riguroso, con descanso suficiente y el uso de zapatillas con suficiente amortiguación. Son debidas a una alteración de la estructura ósea del metatarsiano debido a una actividad física intensa y repetida. Se manifiesta por presentar un dolor en la deambulación que cede al permanecer en reposo. En la exploración hallamos al palpar la zona dolorosa un punto selectivo de máximo dolor, en ocasiones en una zona inflamada. La radiología suele ser normal en fases iniciales, apareciendo con el tiempo una imagen compatible con el de un callo de fractura. Puesto que en los radiografías puede pasar desapercibido en fases precoces, el diagnóstico por la imagen se hace con la RMN o la gammagrafía. El tratamiento se basa en el reposo de la actividad física durante uno o dos meses.
Marchadores de DistanciasLargas

                       
•  Problemas con las Zapatillas: Suele aparecer tras unas horas de Marcha. Consisten en la aprición de ampollas, quemaduras por roce y excoriaciones cutáneas. Para reducir el rriesgo es importante una buena lubricación antes y durante la prueba, y el uso de calcetines adpatados, con costuras que no causen molestias.
•  Tendinitis del Tibial anterior: Se trata en realidad de una Tenosinivitis, es decir una inflamación tanto del tendón como de la vaina sinovial que lo recubre. Los síntomas aparecen unas 8-10 antes de notarse los problemas funcionales, lo que es muy importante conocer, a fin de evitar su agravamiento.

Se observa una tumefacción roja y dolorosa a la presión en la región paramaleolar interna, que irradia hacia la planta. Si llegado este momento, y antes de la parición del dolorintenso, se inicia un tratamiento antiinflamatorio general (ibuprofeno) y local, es posible evitar la progresión de la enfermedad. En casos graves se requieren inyecciones peritendinosas de corticoides, con escaso índice de curación.
•  Síndrome Tibial Anterior Raro, pero importante de conocer. La pierna se divide en cuatro compartimentos limitados por tejido fibroso donde se alojan los músculos. Los situados en el compartimento tibial anterior son los que posibilitan los movimientos del pie hacia arriba y hacia delante. El síndrome del compartimento tibial afecta a estos músculos.

Es una lesión muy frecuente. Se localiza en la parte inferior de la pierna y se caracteriza por la aparición de dolores en la zona anterior e inferior de la pierna al marchar, pero que cesan en situación de reposo. Las molestias pueden limitarse a una única pierna o bien extenderse a ambas y empeoran de forma progresiva. La pierna aparece hinchada y dolorosa a la palpación. La piel está caliente, y existe hipostesia cutánea, sobre todo en en el primer espacio interoseo.

Es muy importante realizar estiramientos musculares antes y después de la marcha. Además, hay que elegir adecuadamente el calzado deportivo, preferentemente con un buen sistema de amortiguación. También hay que evitar la utilización de vendajes demasiado apretados.

Hielo, reposo y vendajes elásticos. Se aconseja la carrera acuática durante el periodo de recuperación. En cualquier caso, es conveniente analizar la carrera del marchador con el fin de detectar posibles deficiencias tanto técnicas como de entreno. En algunos casos podría indicarse la cirugía
•  Síndrome del Tunel Tarsiano: Es una neuropatía por irritación del nervio tibial posterior en el túnel osteofibroso del tarso, que se sitúa por detrás y debajo del maleolo tibial. Su origen puede deberse a traumatismos sobre la zona, o como parte de la clínica de enfermedades generales. Su presencia se ve favorecida por la existencia de un pie valgo. Da lugar a dolor y parestesias en la cara plantar del pie y de los dedos que se exacerba con la marcha.

La clínica se puede reproducir con la flexión dorsal del pie y con la presión en la zona retromaleolar durante algunos segundos. El tratamiento será en principio conservador con reposo, antiinflamatorios e infiltraciones con corticoides. En ocasiones hay que recurrir a la cirugía, consistente en una liberación nerviosa a su paso por el túnel.
•  Periostitis Tibial: Se caracteriza por la presencia de dolor exclusivamente en la parte medial del hueso de la tibia y principalmente en los dos tercios inferiores, aparece por marchar correr en terrenos demasiado rígidos, uso de zapatillas inadecuadas o bien un problema biomecánico, ocasionando tirones repetitivos del tendón del músculo tibial posterior. Este estrés nos produce un cuadro clásico de tendinitis. El dolor aumenta en forma gradual y lo que al principio puede ser una molestia vaga, al continuar entrenando hace que el dolor se haga más constante durante la marcha y después de ella. En los casos más severos el dolor se presenta con el simple hecho de andar o subir escaleras. Requiere que cuando se noten los primeros síntomas se trate de descansar, se aplique hielo y un vendaje compresivo en la parte afectada, ya que en caso contrario provocamos que la lesión se vuelva crónica y dificultamos su tratamiento.
•  Dorsalgia: El dolor en la región dorsal están relacionados con cambios posturales (incluyendo escoliosis y cifosis), afecciones de los órganos internos, función estática y/o dinámica espinal alterada (relacionada con disfunción de los tejidos blandos: ligamentos, músculos y discos vertebrales) y disfunción de las articulaciones costovertebrales. De manera que los síntomas pueden ser muy variados dependiendo del origen, desde un dolor constante y difuso en la región dorsal hasta un dolor agudo localizado a un lado de la vértebras dorsales que puede irradiarse a lo largo de la costilla, incluso pudiendo dificultar la respiración o movimiento del tronco o cuello. Puede influir también una desigualdad de longitud de las piernas.

En muchas ocasiones, la dorsalgia se mantiene de forma constante y prolongada en el tiempo y se extiende hacia los hombros y zona baja del cuello, ocasionando molestias contínuas. En estos casos, lo habitual es que se deba a una contractura muscular.

La contractura aparece esencialmente cuando se exige al músculo un trabajo superior al que puede realizar, ya sea intenso y puntual, o mantenido y menos intenso, como en la marcha. Por otra parte, algunas anomalías de la columna vertebral o desequilibrios de la musculatura favorecen que unos grupos musculares estén trabajando constantemente más de lo necesario, lo que les predispone a contracturarse. Lo mismo ocurre cuando falta potencia a la musculatura y se le exige que realice esfuerzos que exceden su capacidad. En ese tipo de situaciones es fundamental hacer el ejercicio adecuado para cada caso específico, con el fin de contrarrestar esa tendencia y evitar la repetición de las crisis.

La contractura muscular causa dolor de espalda por varios mecanismos: La contractura de un músculo activa directamente los nervios del dolor que están en él, desencadenando dolor de espalda. Además, el músculo contracturado puede comprimir la arteria, disminuyendo su riego sanguíneo. En esa situación se forma un círculo vicioso, porque el músculo con menos riego tiende a contracturarse más fácilmente y, además, la falta de sangre activa más los nervios del dolor. El estrés o la ansiedad producida por el dolor contínuo, mantiene la contractura y así sucesivamente.
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